Después de haber podido ver Planet Terror, uno de los dos segmentos que conforman el díptico Grindhouse, ahora nos llega la segunda parte Death Proof, esta dirigida por Quentin Tarantino.
Tras un parón de 4 años desde su último largometraje Kill Bill, Tarantino regresa con un slasher protagonizado por Kurt Russel que interpreta a un maniaco que se divierte asesinando chicas con su coche.

Desde el minuto 1 puede apreciarse el estilo del director con esos diálogos directos que son marca de la casa y con las constantes referencias a esos films de serie B y Z que el director ha fagocitado durante toda su vida y que le marcaron profundamente. No obstante el director ha llegado a un punto en el que se gusta demsiado a si mismo y hace de sus diálogos el fin último de la película, incluso ha llegado al extremo de autohomenajearse en un instante del film con una melodía de móvil, aparte de resevarse un papel en la película.
Otro de los problemas que tiene la historia es la falta de ritmo en algunas partes, debido probablemente al haber alargado innecesariamente la duración a causa de no proyectarse junto con Planet Terror.
Sin embargo no puede obviarse la estupenda labor de Kurt russel como ese sanguinario asesino de jovencitas que sabe hacer una genial parodia de sí mismo, también juega un papel importante, como en todas sus otras películas, la banda sonora y también son a destacar los dos accidentes automovilísticos que se recrean en la película donde se encuentra gran parte de lo mejor que ha filmado este señor.

Lo mejor: Kurt Russel, los 20 minutos finales
Lo Peor: Un exceso de verborrea innecesaria